
Asoman mis deditos de nuevo a moverse sobre el teclado y me tomo un mate con ustedes; aunque ese sol que aparece en la foto está muy ausente en estos días, lo traigo aquí para que sea abrigo para esta carta que les escribo hoy.
Son días en que aunque el cuerpo todavía no esté listo, el corazón me pide ESTAR presente para ustedes.
Me pide contarles y sentirles.
A veces las/os siento en la consulta mientras charlamos y aparecen una detrás de otras las imágenes que me cuentan el «más allá» de la historia. Otras veces siento sus almas en la camilla manifestándose y contándome por donde hemos de ir, por qué algo se ha quedado bloqueado, cuál es el miedo, dónde están escondidas las flores que las/os ayudarán a volver.
A veces, y esto ya lo saben, me despierto y al despertarme viene una imagen, una idea que me ayuda a acompañarlas/os aun más profundo en sus procesos.
En mi altar están ustedes, las/os que acompaño, y en cada encendido del fuego de mi hogar también se enciende la confianza de que vamos adelante, de que ustedes PUEDEN y de que soy asistida por energías más grandes y más sabias.
Y en ese «ustedes pueden» también se enciende la chispa del «Yo Puedo».
Algunas/os de ustedes ya saben que en 2023 se abrió un abismo delante de mi y tuve que caer profundo y acompañarme. Han sido casi 3 años de aprenderme, sostenerme, cuidarme. Cuidar a los que amo, cuidar mi hogar, mi economía, mi salud.
Transitar un duelo de 20 años de amor y de compañía ha sido el reto más intenso que he transitado. Y créanme, el duelo tiene tentáculos que vuelven a asomar de vez en cuando. Si estamos más bajitos de energía y pensamos/sentimos que «algo hemos hecho mal» o pensamos/sentimos que «nos equivocamos».
Ahí, en la duda, en la mente pequeña del miedo que no conoce el camino nuevo, ahí los tentáculos calan y quieren atraparnos. Así que me ha tocado hacerme cargo de esos latigazos, esas fuerzas, esas oleadas de tristeza, de culpa, de rabia por «no haberlo conseguido». Y a la par me ha tocado hacerme cargo de lo cotidiano: la compra, las comidas (todas las comidas OMG!!!!), llevar y traer a mi adolescente a sus lugares, estar 100 por ciento presente para ella en miles de momentos, acompañarme yo, cuidar mi salud, en finnnnnn.
Créanme ha sido un reto, y lo sigue siendo.
Y aunque haya pasado el tiempo y yo como alumna obediente me haya entregado una y otra vez a las muertes y a los renacimientos que este momento vital me ha pedido asumir, de vez en cuando la sombra se cierne sobre mi y toca acompañarme.
¿Y saben quién me ha sostenido una y otra vez durante este proceso tan poderoso?
Mi energía femenina, mi Femenino Sagrado, ese que durante tanto tiempo castigué por ser «demasiado quieto», o por paralizarse. Mi femenino precioso que sabe amar, que sabe cuidar, que sabe acompañarme.
Porque eso que siempre nombré parálisis en realidad era una virtud maravillosa, la de poder estar en escucha y en silencio. Horas mirando desde mi ventana la montaña, uno dos y tres inviernos y en cada uno de ellos: la caléndula, la jara, el Gran Espíritu e Isis acompañándome.
No me he quedado NUNCA SOLA, aunque a veces mi mente me martilla y me dice que lo estoy.
Mi capacidad de permanecer en silencio, de escucharme y escuchar, de aquietarme me ha traído muchos regalos. He descubierto la maravilla que habita en mi interior y que apenas reconocía por que ustedes me lo contaban. He podido acceder a esa calidez de la que me hablaban desde fuera y que apenas podía percibir para mi misma.
En esa quietud silenciosa, en este hogar calentito, lleno de velas, y cristales, donde el arte que cuelga de las paredes es el de mis amigas, donde los objetos son de poder, porque vienen de la mano de mi hija, de mi ahora amigo Alberto, de mi misma o de mis hermosas mujeres acompañantes, aqui en este pequeño apartamento de 60 metros, aquí habitó una y otra vez la magia.
Esa magia pudo materializarse una y otra vez porque mi cuerpo en silencio se abrió, se entregó y aceptó lo que había en ese momento. Y también luchó y no quiso aceptar y este cuerpo tuvo que quebrarse para que la mente finalmente se rindiera ante la realidad que se presentaba. Esa mente en esa lucha constante me sacaba del descanso, del cuidado, me mantenía «ocupada» sin aceptar lo que tenía enfrente.
Si no puedes aceptar lo que la vida trae,
no puedes transformarte con ello,
no puedes trascenderlo tampoco.
El rechazo no sana.
El rechazo enferma, eterniza el conflicto y nos destroza.
Ver lo que nos trae la vida, hacerle espacio, acogerlo, escucharlo, abrir el cuerpo a que eso nos penetre, a que el soma pueda digerir lo que nuestra mente siente como alarma, como locura, como desesperación, esa virtud maravillosa de nuestro Cuerpo-Tierra-Madre, ahí, está la Base.
EL FEMENINO ES LA BASE
La madre es la base, la madre que podemos ser para nosotras/os. La energía que puede apaciguarnos, abrazarnos y amarnos yace en nuestro interior. No importa si eres hombre o mujer, porque igualmente eres huérfana/o, porque nuestras madres no han podido ofrecernos la calidad y calidez de amor y escucha que necesitábamos.
Y, te cuento; nadie podrá si no te pones a la orden y atiendes este llamado, nadie puede porque quien conoce lo que necesitas eres tú, quién sabe en que lugar de tu cuerpo la caricia calma, en que espacio respiras, cuáles son las palabras que apaciguan, ese eres tú; quien conoce la temperatura de la manta en tu barriga sanando eres tú.
Esa blandura te habita.
Ese espacio está en tí
En estos años una y otra vez mi voz compasiva ha tomado mi dolor y lo ha abrazado, ha tomado mi miedo y lo ha caminado; me ha mostrado que SI PUEDO, que aún con dolor se camina, que aún con tristeza se acompaña y que muchas muchas veces la alegría cala y los momentos preciosos aparecen de la nada, las risas y las conexiones con mi hija en este nuevo vinculo Mamá-Malena están siendo fuente de infinitas maravillas que nos acompañan.
Y también sé que PUEDO porque, mis amadas/os, en estos 3 años no he dejado de acompañar. He estado siempre para ustedes, en formatos más sencillos, en grupos y talleres puntuales y en la intimidad de mi preciosa consulta individual que me ha permitido caerme, que me ha dejado organizarme sin prisas y que no me ha exigido (de nuevo el femenino en mis creaciones ¿ven?).
Ese espacio sagrado donde nos encontramos y que mi alma ya conoce, ha sido bálsamo, fuerza y poder muchas veces. Y sus avances han sido mi alegría, mis saltos de Fe, sus caídas han sido el lugar donde ir a recordarme fuerza sostenedora, sus éxitos (ole qué de éxitos me han traído a la consulta en estos años) han sido preciosos lugares donde mirarme, inspirarme y avanzar.
Por que para llegar al Poder he tenido que ir a la Raíz,
a la oscuridad de la tierra escondida
Les aseguro que ningún proceso terapéutico será más profundamente reparador que el comenzar a cuidar desde dentro todo sus espacios. Autocuidado le llaman, a mi me gusta llamarle AMOR.
Amor radical por lo que somos, seamos quienes seamos en este instante.
Somos AMOR RADICAL.
El AMOR NOS HABITA AUNQUE A VECES NO SEPAMOS COMO LLEGAR A EL.
Yo sólo estoy aquí para ayudarles
a Re-Cordar.
Los abrazo con el alma
Andrea Diaz Alderete
Consciencia Madre
PD: se vienen cositas :)))))))
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Besos amoresssssss
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