Ad Sidera Visus o Tu Madre Si te Amó (parte 2)

Hoy quiero ampliar ese escrito de hace años que decía que «Tu madre si te amó».
El contacto con mi propia maternidad me llevó a cuestionar la crianza y educación que había recibido.
Cómo podía ser que no se haya tenido en cuenta las necesidades de un bebé, que no se le haya escuchado cuándo ya era un niño; y el reclamo más profundo «cómo es posible que la mirada de los adultos estuviese puesta siempre en ellos mismos».
Hoy luego de casi 9 años puedo comprender que en esta encarnación yo no iba a ser maternada como en aquel entonces pensaba que necesitaba. .
Que yo no iba a enrraizar a través de mi crianza y:
Que mi camino era enrraizarme yo.
Qué mi potencial estaba en encontrar esa energía que me permite ser madre de una niña y de muchos proyectos y energías en este mundo.
Qué me permite ser mi Propia Madre.
Quizás suene muy duro o quizás difícil de entender cuando se lee desde ese momento en tu camino de autoconocimiento en que estás comprendiendo aquello que te ha sucedido en la infancia.
No sólo he estado allí muchas veces, también he acompañado a decenas de personas a habitarlo.
Quizás desde la rabia de la niña que quiere comprender.
Desde la tristeza de no haberse sentido amada.
Quizás desde el dolor en el cuerpo se sienta incómodo pensar que «Ese Era tu Camino».
Pero hablo de mi, y quizás a vos te sirva.
Mi camino era tal y como ha sido.
No había otras posibilidades porque mi elección en esta Tierra, mi energía que puedo ver claramente en mi carta natal, requería para su expresión «mi» hogar materno.
Eso que en su día vi y sentí como restricciones y limitaciones y que fueron indispensables para que pudiera elevarme sobre ellas y avanzar con una profundísima confianza hacia mi propia experiencia y tomar mis propias decisiones.
Ese era mi camino.
Y lo he transitado con altura.
Desde esa niña/adolescente muchas veces triste y enojada atravesando el bullying, deseando que llegara la facultad y con eso llegara la calma y el respiro a mis sensaciones de tanta incomodidad. Parece que fue tan dura esa época que cuando llegué a esa nueva instancia tenía tantísimo miedo a ser rechazada, que recuerdo estar sentada muy cerca de un chico y al voltearse a charlar conmigo pensar que me iba a tratar mal.
Ese joven que ahora es un hombre, no sólo me acompaño a cantar muchos años y es un querido amigo, sino que lo conservo como uno de los impulsores de mi confianza hacia la VIDA (¡y ha habido muchos amigos y amigas así!).
Ese fue un gran comienzo.
Recuerdo la emoción de ir en el coche con mi padre y mirar en la entrada de la facultad grabadas las palabras:
«Pedes in Terra ad Sidera Visus«
Mi padre emocionado me las leyó: «Con los pies en la Tierra-me dijo-y mirando al Cielo»
Y yo las tome para mí y siguen siendo mi mantra.
Y ahora comprendo que a ese nuevo comienzo llegué por la visión de ellos, de mis amados padres humanos que no supieron ofrecerme eso que yo creía que necesitaba pero SI me dieron un empujón para que yo misma lo descubriera y me lo ofreciera.
Y fue la posibilidad de salir de ese espacio y volar a un mundo nuevo el mayor de los impulsos. 
Esa charla con Gastón (qué así se llama mi amigo) en el pasillo de Analítica I, también fue impulsada por ellos.
No sólo me limitaron, sino que me empujaron ad sidera, al cielo.
En ninguno de los caminos que he transitado he vuelto atrás.
No he vuelto a vivir en esa ciudad de la infancia.
Ni a trabajar en la universidad donde termine 6 años después mi carrera.
Ni he vuelto a ninguno de los hospitales de los tres países donde he vivido y he ejercido mi profesión.
Y no ha sido por nada en particular excepto porque ASI es mi energía.
Es que voy hacia adelante.
Con los pies en la Tierra.
Y la mirada en el Cielo.
Hoy, a mis 46, habiendo gestado una nueva profesión que amo y me llena de satisfacción, acompaño con amor a las personas a verse, a ver qué donde creen que está su limitación es que reside su potencial oculto.
Acompaño a las personas a reconocerse por fuera de sus creencias familiares y a animarse a encarnar en esta vida lo que SON.
Y eso lo hago porque recibí un impulso.
Qué fue carne cuando mi hija nació.
Fue ese dolor de pensar/sentir que no me habían maternado como yo quería maternar.
De que no me habían escuchado ni cuidado con el amor que un niño necesita el que me llevó a romper con todas las cárceles mentales que me he encontrado, para CRIAR a esta hija con el impulso de mi corazón desgarrado.
A costa de todo.
De la carrera que ya era muy aburrida para mí.
A costa de muchos disgustos con la familia de origen que sólo con el tiempo ha entendido algunas decisiones.
A costa de las comodidades económicas que había gestado con mi pareja durante 8 años de vida juntos.
A costa de destruir una relación de pareja antigua y reconstruirla en algo fresco, sano ¡y más libre!!
A costa de mi misma y mi limitada forma de ver el mundo.
En esta enorme transformación ha estado el impulso de ellos.
Soplándome a favor, a veces sabiéndolo y a veces no;
a veces molestos por mis decisiones o juzgándolas de locuras.
Pero papá,
¿Te acordás?
«Pedes in Terra ad Sidera Visus»
No criaste a una niña para que siguiera tus pasos.
Sino a una mujer para que construyera su propio camino…
Hacia el cielo.
Andrea Díaz Alderete
Consciencia Madre
28 de Agosto 2020
Gracias a mis padres por ser impulsores en mi vida.
Gracias a todas las bellísimas personas que me han tomado de la mano en este camino y me han mostrado que la VIDA VALE LA PENA.
Foto: sostenida por la tierra, mirando el cielo…
Siempre.
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©Todos los contenidos de esta publicación son propiedad intelectual de Andrea Diaz Alderete y Consciencia Madre. www.conscienciamadre.com.

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