¿Tu Hija/o Es de Alta Demanda? (o Reverdecer)

 

 

 

El otro día una mamá en la consulta me trajo claridad meridiana con una reflexión:

«Ya sé que no tengo que llamarle a mi hija de «alta demanda»-decia- que en realidad parece que nosotras somos de baja respuesta, pero es que no llego…»

 

¡Ahí me vinieron tantas tantas ideas y experiencias a mí cabeza!!!

Lo primero que apareció fue el recuerdo.
El recuerdo de los dos primeros años de vida de mi hija.

Mi hija era claramente etiquetable como de alta demanda.
No dormía nada.
Tardaba media hora en dormirse luego dormía 45 minutos, luego estaba media hora despierta y luego media hora haciéndola dormir de nuevo y así el día completo durante los 7 primeros meses.
¡Era agotador!!!!

Su nivel de contacto con el mundo era extremo.
Parecía que estaba aprendiendo todo el tiempo, y así era.

Yo humana llena de creencias hacia lo que podía pero sabía que lo que ella quería era que yo esté cerca.

 

No lloraba.
No gritaba más que si la dejaba en la cuna que siempre fue un vertedero de peluches.
Solo en brazos.
El fular no le gustaba tampoco a la niña.
Así que brazos.

Usamos la pelota de Pilates para hacerla dormir y hacíamos ejercicio.
Yo no comprendía como había podido dormir a lo largo de tres horas seguidas en mi vida.
Pero ahí seguía.

Estaba sana, feliz, se reía muchísimo, jugaba, canturreaba pero no dormía y siempre conmigo o con nosotros.

Recuerdo tomar el tren y luego ir corriendo a las reuniones de crianza de mi querida Mariana Primavera. 
Esos martes a la mañana donde Mariana nos preparaba un té y servía una mesa en la mítica Cocinita de Chamberí eran un bálsamo profundo para mí. 

Por lo demás todos los bebés dormían o jugaban en el suelo y la mía no se quedaba quieta.
Jamás dormía.
Y siempre se movía así que yo vivía las reuniones de pie paseándola, en la puerta mirando los coches, mirando la tienda con la paciencia infinita de Paloma su dueña, y finalmente bebiendo a trompicones algo.

¡Me siento tan agradecida por todo lo que fueron esas mañanas para mí!!!

Además en ese lugar conocí a mi hermana-amiga Mariel, compañera de vida con la que seguimos criando a nuestros niños. ¡Es enorme lo que los hijos nos traen!

 

¿Era de alta demanda mi hija?
Si
Altísimamente demandante para la mujer que yo era entonces.

Requería un nivel de flexibilidad, de fortaleza, de cambio continuo, de fusión impresionantes.

Requería una sabiduría, una intuición para acompañarle fuera de serie.

Porque ella era:
Fuerza infinita
Determinación ante las cosas
Dulzura que derretia.
Y un NO tan claro y tan limitante que no había forma…

 

¿Era de baja respuesta yo?
Siiiiiiii

Me entregaba al hecho materno con amor y paciencia.
Me abría de carnes a acompañarla y no me planteaba otras opciones «más convencionales» pero todo me costaba un montón.

Yo sabía que era por algo pero no podía verlo.
Sabía que había una respuesta a todo esto y que ella tenía más brújula interna y que su padre y yo íbamos a acompañarla.

Me tocó un hombre-amor que acompañaba en todo, que fue entregándose como yo no solo a su cuidado sino al mío.
Ahí se pusieron nuestros personajes en acción y fuimos rompiéndonos en pedazos ante cada pedido nuevo de la niña y nuestra imposibilidad de conseguirlo todo, ante cada llanto de sentir que No llegábamos.

Ante algunas cosas que fueron mostrando que

La crianza de nuestra hija no la podía hacer nuestro personaje.

Que ella necesitaba a nuestros Yo más auténtico.

 

Sin embargo algo fue sucediendo.
No era una mujer sola en la crianza con una niña con muchas necesidades (con madre repleta de carencias).

De a poco empecé a estar más acompañada.
Mi amado y yo formamos un equipo, no solo criaba yo, el también aunque yo ponía el cuerpo en la teta y en las noches. Pero el acompañaba, jugaba muchísimo, cuidaba, protegía los espacios, éramos dos en esta mini tribu, y eso creánme es una enormidad.

 

Luego iba a cuánto grupo de crianza o reunión de madres podía. El de Mariana en el que más tiempo estuve.

Luego muy pronto empezé a hacer mi propia Biografia Humana y eso ¡fue mágico! Atraves de mi propio proceso terapéutico empecé a ordenar dolores, tristezas, abandonos y a verme niña y con eso la calma fue llegando. Sobre todo la de la noche.

Y también a crear espacios de Crianza; nació Consciencia Madre cuando ya mi hija cumplía los 2 años. 
Es decir ya tenía un espacio propio de expresión para acompañarla a ella no sólo desde la carga sino haciéndome cargo a mi y de mis propios deseos, eso sin duda fue enormeeeee.

En mi propia formación como acompañante encontré hermanas de tribu, y fui compartiendo mucho.
Y aunque la crianza en general fue más en solitario siempre había quien podía estar un poquito para mí, no para mi hija que ella solo me quería a mí o a mi padre.

 

 

Ahora siete años después las cosas tienen otro color.

Hasta hace un año seguía percibiendo a mi hija como muy intensa. 
Sabía que pedía mucho y claro que eso me iba obligando a hacer malabares.

Pero hace un año todo cambió.
Por fin todo eso que llevaba años practicando fue ordenándose dentro mío.

 

La fusión comenzó a ser más exquisita.
Empezamos a coincidir en muchos lugares disfrutando.
La dejé habitarme sin miedo.
Y empecé a comprender y a concebir lo que la demanda de mi hija me enseñaba.

 

Anoche a oscuras hablando con mi amado le decía lo mágico que es vivir acompañando a este Ser.

Que me resulta sencillo, divertido, que ha emanado de dentro un respeto profundo por ella, que no es impuesto por nadie, simplemente me nace.

Hace unos días estuve con un bebé en brazos hijo de una amiga del alma.
Y veía claramente eso…qué fácil me resultaba, qué natural era observarle, qué poco me molestaba cualquier cosa.
Sentía que estaba con el bebé sintiéndolo nomás.

Ese día me dio un hilo de culpa por no haber sido esa madre con mi hija.
Y ahí cuando pude salir de esa trampa (¡que cosa la culpa como nos quiere quitar de nuestra vida!!) me di cuenta que yo necesitaba toda esta experiencia que ella ha sido para que emergiera de mi está madre-mujer que soy.

 

Toda esta paciencia, sonrisa, amor que me nace al acompañarla.
Todo este entender sin explicaciones.
Este ver rápido cuando me voy y volver a pedirle disculpas como si se tratase de un amante.
Y como ella me acoge.
Fluye tranquila.
Abraza lo que hay.
Igual que yo.

 

¿Era de alta demanda mi hija?
Si, demandaba que saliera de mi la madre que podía acompañar su fuerza, su dulzura, su potencia.

 

¿Era de baja respuesta yo?
Si, respondía de acuerdo a mis limitaciones condicionada por la vida sistematizada y la crianza que había recibido.

 

Pero eso se fue transformando.
Con la tribu que me hizo el aguante (así en argentino), que me ayudó a acompañar mientras yo misma reconocía mis recursos.

Escribo esto y me brotan las lágrimas. No saben cómo me siento de agradecida.

Hacia falta que de adentro brotase la madre para mí hija

La que SI podía…
Y esta reverdeciendo…

Todavía soy la madre-bruja pero me lo permito.
Todavía me enojo mucho y también me lo permito.
Todavía soy humana ¡hombre!

 

Como siempre no la culpo de mis dramas y mentiras mentales. 
Pero todavía pasan millones y seguirán pasando.
Porque su guía es infinita.
Y nosotros ilimitados.
Y como vivimos en una cárcel nada más estamos sintiendo que es eso de haber quitado un par de barrotes.
¡Así que seguiremos!

Un hijo de alta demanda tiene una madre poderosa, fuerte, sensible, y potente escondida detrás de una coraza.

Y un padre de la misma talla.

 

¡Está llamando a tu puerta para que Seas!

¡Te acompaño!

 

Andrea Díaz Alderete

Consciencia Madre

 

Imagen:

Pasito a Pasito hija, ya lo decías vos a tus 18 meses. Pasito a Pasito.

Autor: AT para @consciencia_madre

 

 

Una canción: 

«Fuerza natural fuerza, no me falte el aire.

Atravesar tormentas cuando el trabajo sea REVERDECER:

Y si me acuna el viento, no me falte el aire

Vuélvome a las alturas cuando el trabajo sea reverdecer»

Esta canción es un himno que me habita completamente.

Desde el día que la escuché hasta cantarla con otras ocho voces en nuestro Círculo de Mujeres, me acompaña.

Y hoy esa palabra ha salido sola. Reverdecer.

«Mi voz sea la Herramienta cuando el trabajo sea Reverdecer»

Que así siga siendo. Poniendo Voz y Reverdeciendo.

 

Reverdecer. Perotá Chingó.

Dos argentinas cantando en una tarde cualquiera, inspiradas por el atardecer sólo con una guitarra. Un testigo que graba el video y comienza la magia.  Asi nació este dúo que abre corazones.

 

 

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©Todos los contenidos de esta publicación son propiedad intelectual de Andrea Diaz Alderete y Consciencia Madre. www.conscienciamadre.com.

Me encanta inspirarte, sólo te pido que por Amor y Respeto a la Energía invertida en organizar mis reflexiones, si compartes estas palabras menciones su fuente.

Gracias.

 

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