Reflexiones sobre la prosperidad y la abundancia después de Reyes

Para inaugurar nuestra sección de invitados al Blog le he pedido a Esmeralda Mendoza, Coach y Terapeuta, que comparta con nosotros algunos de sus pensamientos y reflexiones acerca de los regalos y las sensaciones que se transmiten acerca de que los niños reciben demasiado.

 

 

“Creo que no es el exceso de juguetes lo que daña a los niños; es la falta de amor, atención y presencia genuinas de la mamá principalmente, de los padres en general.

El problema es que para poder dar amor genuino a los niños hay que hacer trabajo interior y recuperar el amor por uno mismo y la ilusión por vivir.

Si este mensaje no se comprende así y sólo se lee por la superficie, los pobres niños quedan sin el amor de sus padres y sin los juguetes que por lo menos les mitigaban en algo su dolor, y además sometidos a límites arbirtrarios que fomentan una mentalidad de escasez.

Si le regalamos juguetes didácticos a nuestros hijos y al llegar a casa de sus amigos admiran y se ilusionan con los gadgets que éste tiene, y que sabe que sí le hubiéramos podido regalar…

¿qué es lo que siente el niño?
¿cómo respondemos a esa emoción?

¿cómo la reconocemos y empatizamos con lo que siente?

De todo eso depende lo que el niño interioriza realmente.

Lo que siente el niño siempre es más importante a lo que aparentemente “racionaliza” basado en lo que le decimos o “quiere creer” que es “correcto”.

Trabajemos en nosotros para darle a nuestros hijos todo el amor, primero que nada, y también démonos permiso de darles todo lo que esté a nuestro alcance darles de acuerdo a nuestros genuinos valores particulares y de acuerdo a lo que nos genere paz interior, porque provenga del amor.

No nos asustemos de vivir en Plenitud y Abundancia y de que nuestros hijos aprendan a vivir así.

Abundancia no es exceso ni despilfarro, es evitar límites arbitrarios motivados por el miedo.

Los “límites” útiles son los inspirados en el amor genuino (te queda paz interior, no hay culpa, no tienes que justificarte cuando los decides).

¿Cómo sabremos qué es lo mejor para nuestros hijos en particular? Por nuestra conexión emocional con ellos.

Sólo así sabremos lo que conviene a cada uno.

Si mamá tiene 40 pares de zapatos y a mi me dan dos juegos de mesa ¿qué siento?

Si les digo a mis padres que deseo el robot X y me dicen que no, que es incorrecto desear eso ¿qué siento?

Si me compran X y me recuerdan todo el día lo mucho que ha costado ¿qué siento?

En las emociones está la clave para nuestras decisiones.

 

Esmeralda Mendoza

 

Podéis encontrar a Esmeralda en dos magníficos espacios:

Su sitio de facebook

Y un apasionante Grupo de Desescolarización para padres deseosos de sentirse acompañados en esta decisión.

 

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