Crianza con Consciencia (una mirada profunda hacia nuestro interior)

Todos los padres deseamos acompañar el crecimiento de nuestros hijos con respeto; lo intentamos una y otra vez aunque muchas veces la voluntad no alcanza. De pronto nos transformamos en un ogro enojado, gritón y fuera de control.

Luego sobreviene la culpa, el arrepentimiento y las disculpas, pero ya hemos caído de nuevo, la voluntad no ha sido suficiente. Y volvemos a proponérnoslo: respirar hondo, contar hasta diez, no llegar al límite del cansancio, no distraernos con el móvil….pero el demonio vuelve y se adueña de nosotros.

¿Qué es lo que nos dificulta tanto el acompañarles con respeto? ¿Qué nos impide estar completamente disponibles?

Muchas, muchísimas cosas, pero hay una que, en mi opinión, es la más importante:

Todos provenimos de infancias de mucha carencia. No hemos sido suficientemente amparados, cuidados, acariciados, comprendidos, acompañados. Nos han hecho callar muchas veces, nos han gritado, incluso golpeado. Algunos incluso percibimos nuestra infancia como “feliz” y no tenemos registro del nivel de violencia a la que hemos sido sometidos simplemente porque ha sido tan invisible que no la hemos incorporado en nuestra consciencia, pero ahí está. Allí en lo más profundo de nosotros siguen guardadas todas esas sensaciones.

Durante muchos años las hemos mantenido más o menos a raya, pero cuando nuestros hijos nacen, empiezan a mostrarnos todo eso que nosotros no hemos recibido. 

Necesitan brazos, necesitan mucho cuerpo, necesitan presencia Y nosotros que hemos crecido sin todo eso no podemos brindarlo ¿De dónde hemos de sacar todas estas cosas si no hemos sido llenados, acariciados, sostenidos, si estamos vacíos de amor incondicional?

Entonces buscamos soluciones, muchas veces huimos rápidamente fuera de casa. Pero el bebé sigue creciendo, a veces llora muchísimo o se despierta cada noche cada hora, o cuando se acerca su primer cumpleaños los bebés a los que hemos osado llamar “tranquilos” comienzan a andar y nos ponen en aprietos. Y empezamos a necesitar talleres para saber de límites, para atenderles porque dicen constantemente ¡NO!, porque tienen rabietas. Sabemos que las rabietas son expresiones de enojo, pero en el fondo terminamos alterados, gritando a lo largo del día percibimos “demasiada demanda”.

Sólo cuando empezamos a ser Conscientes de nuestra propia historia y limitaciones, de cómo hemos crecido, de cuánta madre hemos recibido, de qué nos ha faltado y qué nos ha permitido sobrevivir y salir adelante, podemos empezar a acompañar con una visión más real a nuestros hijos, entendiendo sus reclamos, sus  enojos, sus alegrías. Y viendo que casi siempre son el reflejo de nuestras sensaciones.

¿Qué es Criar con Consciencia?

Criar con consciencia es vivir con los ojos abiertos a una nueva realidad, la que nos traen nuestros hijos, la que nos regalan con sus comportamiento que responden a algo mucho más profundo, algo que está guardado en nosotros y podemos entender.

Criar con consciencia es conocer nuestras limitaciones para poder ayudar a nuestros hijos con las herramientas que sí tenemos y buscar ayuda con aquellas que no tenemos.

Criar con consciencia es criar en la verdad de lo que nos pasa, con profundo registro de nuestras emociones y de nuestro pasado para no tener que recurrir a un discurso (engañado) que no hace más que sostener una realidad que no es la que el niño en su interior percibe.

Criar con consciencia es criar en libertad. No tiene nada que ver con la lactancia materna o el biberón, o portear o llevar a tu niño en un cochecito, o colechar o dejarle dormir en una cunita. Es saber por qué no quieres o puedes dar la teta, es saber que tu bebé puede elegir ir en brazos o no, es saber que aunque quieras dormir a su lado todas las noches si tu vivencia del contacto corporal es terrible no podrás. Es poder explicarle todo esto, es ponerle palabras a tus sensaciones que son las suyas.

Es acercarte a tu niño interior herido y criarlo junto al hijo que llevas en brazos o de la mano.

Criar con consciencia es criar con lo que de verdad tú eres, no con lo que quieres o anhelas ser. Es brindarle a tu hijo lo que puedes y explicarle el por qué de lo que no puedes.

Nuestros espacios grupales  y de indagación personal nacieron para acompañarte en este camino. Porque no es un lecho de rosas, requiere una buena dosis de valentía para mirar con mucha perspectiva eso que nuestros hijos nos muestran.

Porque cada madre y cada padre tiene su propia historia, y por tanto no existen soluciones que nos funcionen a todos.

Porque podemos contarte lo que a otras familias nos ha funcionado y si lo deseas, revisar un poco de tu historia para entender por qué es tan difícil permanecer al lado de tu hijo, brindarle presencia, cuerpo, juego y escucha.

¿Te animas a ser parte de este movimiento revolucionario en tu propio hogar, más aún, en tu propio ser?

Andrea Díaz Alderete

Consciencia Madre

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