De cómo algunos Seres se Alimentan de la Inocencia

Algunos seres se alimentan de la energía de otros (y esos otros lo permiten).
La energía de una adolescente llena de vida, llena de energía y fuerza.
Llena de risa y de curiosidad ante lo que comienza a emerger en su vida puede ser un potente atractivo para un ser más vacío, más oscuro, más aburrido o simplemente muy necesitado.
A este arrobo algunos hombres le llaman amor.
Y la succión comienza a través de un enamoramiento y del sexo.
¿Que puede haber más revitalizante que tomar la energía de una niña transformándose en mujer que se entrega a una experiencia sexual con curiosidad y fuerza?
Si en la propia entrega esta niña confunde lo que entrega, y cree que recibe el amor que tantos años ha anhelado y que apenas ha sentido.
Las mujeres, nosotras, pequeñas, inocentes, ansiosas de vida y de experiencias, sobre todo de sentirnos amadas por otra energía, solemos entregarnos y violentarnos en esos lugares.
Las formas de violencia son tremendas.
Solemos estar sometidas a la crueldad de un hombre, generalmente más maduro, que toma lo que necesita y se va.
Que viene ansioso a nuestros brazos a bebernos y cuando se sacia desaparece.
Nos acostumbramos a ser fuente interminable.
Pero lentamente nos vamos muriendo.
Porque la entrega sexual requiere del intercambio profundo de energía.
Porque el sexo para que sea nutritivo necesita de la entrega de dos seres que se conectan de una forma única y sublime.
Y esa sola conexión es lo que habilita la vitalidad y la fuerza.
En una relación con un depredador, el que entrega va muriendo.
Se va quedando seco, sin vida, pierde el registro de su potencia.
Además, violenta.
Violenta al violentador.
Y solemos entrar en circuitos tremendamente dolorosos y agresivos que dañan y nos dañan.
Detener la succión de un depredador pasa por
Darnos cuenta de que eso no es amor.
Sino depredación.
Y ponerle nombre.
Saber que estamos en ese circuito y que contribuimos a él.
Darnos cuenta que una parte nuestra también necesita ser depredada y por eso se entrega.
Comenzar a lentamente a reconocer lo que somos y lo que el otro ser es.
Para poner las cosas en su lugar.
Eso con 18, 19, 20 años es difícil de hacer en solitario.
Sobre todo por lo romantizadas que tenemos estas relaciones y la influencia del imaginario que cree que «el amor a veces es así».
He conocido y acompañado a mujeres preciosas que se han pasado la vida entera (más allá de 20 años) entregando su energía a un depredador sin poder enfocarse en sus propios deseos.
Se necesita ayuda.
Compañía.
Amor.
Guía.
Y fuerza y coraje.
Las mujeres sabias, las que ya hemos atravesado esas experiencias, las que estamos más cerca de la menopausia que de la menarquia podemos poner nuestra energía al servicio de estas niñas.
Y acompañarlas.
Me dispongo a ello.
Con amor por mi misma.
Por amor por el femenino que brota por fuerza y que no puede ser utilizado como alimento de seres grises y vacíos, que cuando se les niegue alimento pasarán a vampirizar otro cuerpo que les dé sustento.
El trabajo interno de esos hombres también está servido.
Para quien quiera revisarse depredando.
Las mujeres no somos un eslabón de la cadena alimentaria.
Sino luz y vida
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Andrea Díaz Alderete
Consciencia Madre
@consciencia_madre
17 de febrero 2021

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©Todos los contenidos de esta publicación son propiedad intelectual de Andrea Diaz Alderete y Consciencia Madre. www.conscienciamadre.com.

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Gracias.

 

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