Los Niños Están Solos

 

Todos los días recibo un bombardeo de cartelitos sobre lo que los niños necesitan
Y los excesos de cosas materiales que tienen
Y de lo mucho que les faltan límites.

Pero hay una verdad que pocos se atreven a decir y mucho menos admitir.

Nuestros hijos están solos.
SOLOS.

 

Algunos porque sus padres pasan larguísimas jornadas refugiados en sus puestos de trabajo de los cuales no pueden escapar.
Son tan fuertes nuestras cárceles mentales que ni siquiera nos atrevemos a cuestionarnos otra forma, a buscar a alternativas.

 

Otros están solos porque aún con madres o padres presentes no son acompañados ni vistos, ni entendidos sino a través de las proyecciones de los adultos.

Otros están solos porque en una falsa libertad que también proyectamos hacia afuera; los padres los dejamos desamparados en situaciones imposibles de sostener para los niños pequeños.

Pensamos que porque bajen solos a la plaza
O estén en grupos con amigos a los 8 años están bien.

El desamparo pasa por el exceso de libertad también.
Por dejar a los niños resolviendo conflictos que no pueden resolverse más que con violencia.
Por dejar a los niños de seis a expensas de los de 10.
Con dejar a las niñas hablando con las adolescentes y sus móviles y aprendiendo un mundo nuevo a través de la mirada de esas niñas muy solas también.

Están solos cuando jugando en el parque un niño más grande viene a presionarlos o los pellizca y las madres seguimos charlando como si nada, apenas sin verlos.
Están solos cuando sus exploraciones corporales ocurren lejos de la mirada y el amparo adulto.

Están solos en la escuela.
Están solos en casa esperándonos.
Están solos bajando a la calle solos.
Están solos porque están aprendiendo a sostenerse casi ahogados.

Hay una sensación de protección natural que emerge de las madres y padres que acompañamos a los niños.
Nada que hacer.
Nada que decir.
Sólo la presencia que acompaña con raíz y fuerza a la salida del niños al mundo.

La salida que puede tener muchos inconvenientes como encontrarse con un niño más fuerte y enojado o con un adulto enojado también.
Como encontrarse con una piedra muy alta.
Como caerse y rasparse las rodillas.

Para todos esos lugares
Todavía nos necesitan.
Y si nos animamos a estar
Adentro se irá forjando una sensación de seguridad profunda.

 

La rama irá haciendo raíces.
De a poco será un árbol fuerte.
Para poder ir allá donde lo desee.

Para dejar de estar solos
Teniéndonos a nosotros ahora
Pero teniéndose ellos después.

Acompañar a un niño a ser árbol con raíz
Con profundo arraigo en su propio interior
Con fortaleza
Fuerza interna
Es un privilegio
Un lugar de aprendizaje
Que no nos podemos perder

Te acompaño!

 

 

Andrea Díaz Alderete
Consciencia Madre

 

 

📷
Andrea Díaz Alderete
@consciencia_madre

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©Todos los contenidos de esta publicación son propiedad intelectual de Andrea Diaz Alderete y Consciencia Madre. www.conscienciamadre.com.

Me encanta inspirarte, sólo te pido que por Amor y Respeto a la Energía invertida en organizar mis reflexiones, si compartes estas palabras menciones su fuente.

Gracias.

 

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