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Nuestros Espejos y Nosotros

 

Llevo meses queriendo escribir sobre los espejos.

 

Saben que la mente racional es tan poderosa que puede utilizar un concepto tan bello y profundo como ese que dice “que lo que es afuera es adentro” para refugiarse de su propia realidad.

 
 

Tener un espejo adelante nuestro es un privilegio.

Qué el otro de enfrente me diga lo que percibe de mí es un regalo; cuando alguien me ofrece una mirada así, me dice que ve en mi algo que yo no he podido ver, aunque ese algo sea doloroso y exprese una parte de mis violencias siempre me detengo a escucharlo.

 

Escucho atentamente eso que me trae mi espejo.

Veo y siento si eso me pertenece.

Reviso adentro mío si eso que dice mi espejo es realmente mío, si se ha quedado olvidado o negado a mi consciencia y trato de integrarlo.

Lo que intento no hacer es decir algo que se ha puesto de moda entre los que conocen “la ley del espejo”.
 

 

Nunca digo “eso es tuyo no mío”.

 

Un espejo siempre tiene dos caras y nunca refleja “sólo” al otro sino también un pedazo de nosotros mismo

 

 

Si alguien me dice que soy soberbia lo reviso en mí, puesto que seguramente algo de soberbia estará por allí escondida.

 

No pienso que la soberbia es del otro y eso que me dicen no tiene nada que ver conmigo. Y si revisando re veras no encuentro la soberbia, le pido que me muestre, indique dónde lo ve, en qué acciones, en que situaciones, para ver si no se ha quedado oculto a mi misma y no he podido integrarlo.

 

Y si aún buscando no encuentro eso que me dicen dentro mío, entonces pregunto o digo:

-¡Oye! eso no lo siento en mí, ¿puede ser que sea algo tuyo?

Es una pregunta honesta, que un espejo limpio al frente recibe como un regalo.

Ehhh-puede ser dira el del frente- déjame preguntármelo más tranquilamente. Puede que eso me pertenezca y sólo lo he visto a través tuyo.

 Gracias

 

 

Encontrar un espejo limpio, de esos que se hacen cargo de lo que les ofreces y de lo que te ofrecen es un privilegio, un lujazo en estos momentos vitales

 

 

 

 

 

Un espejo siempre tiene dos caras. Una parte refleja lo que tú eres, una parte refleja lo que el otro es. Hace falta que ante un espejo tu puedas limpiar tu parte, y ayudarle al otro a que limpie la suya.

 

Es un lugar hermoso ese de tomar lo que nos ofrecemos los dos y ver qué nos corresponde a cada uno.

 

Un ejercicio que queda completamente coartado cuando le digo al otro: “eso no es mío, es tuyo”.

 

 

Siempre nos pertenece lo que el otro refleja, si no tiene nada que ver conmigo entonces no estaría frente mío.

  

Busca un espejo limpio donde reflejarte

Y mejor aún

Sé un espejo impecable para tus relaciones.

Es un hermoso regalo.

  

 

 

 

Andrea Díaz Alderete

Consciencia Madre 

 

Gracias a la vida por ofrecerme hermosos espejos no ya limpios, sino impolutos.

Gracias a mis amados amigos, a mi compañero y a mi hija Malena. 

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