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¡Tú eres una machista! ¡tú eres patriarcal!

 

amazona

Hace digamos más o menos un año que entré en el mundo blog y Facebook con Consciencia Madre. Desde entonces no deja de sorprenderme el enorme caudal de energía que las mujeres (los hombres no sé si lo hacen), dedicamos al debate sin final feliz, es decir a confrontar, a ponernos diversos epítetos, los más usados cuando se trata de crianza consciente son machista y patriarcal, a culparnos, a criticarnos, a ponerle un nombre a lo que el otro siente.

 

Y poco y nada sabemos las mujeres del patriarcado, excepto que cuando algo nos molesta, con tildarlo de machista y patriarcal ya lo tenemos hecho, es como una barrera que nadie puede cruzar. Somos las mujeres oprimidas por cinco mil años de civilización las que ahora tenemos que defender no sé que cosa; en esa situación todo vale, y lo defendemos en formato macho, gritando, insultando, enojadísimas y diciendo que las mujeres estamos oprimidas, que basta ya de culpabilizarnos, todo esto mostrando las garras, los dientes. (1)

 

Ay que aburrimiento oiga. Y es que no puede expresar una persona un pensamiento. No puede traer alguien un artículo profundo, de esos que remueven la sangre, sin que muchísimas mujeres se sientan heridas, tocadas, culpables y se genere allí un lío de opiniones, de sensaciones, que dejan sin posibilidad al pensamiento y la experiencia real de las madres que es lo único interesante del debate.

 

Me he retirado en varias ocasiones de diversos espacios en Facebook simplemente porque al exponer una idea, un grupo de mujeres enardecidas han salido a defender la suya, siguiendo sus comentarios con un especie de matonismo que da miedo. Pero ¿en qué nos hemos convertido? ¿En guardianes de qué? De la verdad del otro? ¿De la verdad que nos calza mejor?

 

¿Es por eso que cuando alguien expone una idea diferente, si es que no nos pasa a nosotros, si no es línea que defendemos, si no es el camino que hemos elegido nosotras en nuestra casa o en nuestra vida profesional, inmediatamente se vuelve intolerable y hemos de denigrarlo?

 

Y ¿por qué? ¿Quién lo dice? ¿quién ha sentado las reglas de este juego? ¿quien dice que las mujeres debemos andar en debates sin razón simplemente para quitarnos del debate profundo, sustancioso, donde las miradas diferentes son simplemente miradas, y donde la verdad le calza a cada uno como le debe calzar?

 

¿Quién ha dicho que todo ha de ser de una única manera?  

 

Parece que haya espacios donde alguien dicta una regla tácita o no tácita sobre lo que se debe o no se debe permitir. ¿Será que en esos foros para pertenecer hay que estar alineados a una idea? ¿será que nada más se permite? ¿será que las mujeres buscamos todavía seguir a una líder que nos diga que tenemos que hacer? ¿que nos impida pensar, simplemente nos indique el camino?

 

Ojo con estos lugares. Si alguien nos dice lo que tenemos que hacer, es que nos está sacando del lugar más valioso para nuestros hijos, que es el de la reflexión, la mirada profunda hacia nosotras mismas y, a mi entender, el único camino posible hacia la verdadera conexión con ellos.

 

Así que yo elijo no confrontar. Mi energía la necesito para mi propia familia, para mi propio deseo que este camino que he emprendido. Para brindar mirada clara, límpia a mis consultantes que traen su vida para que la miremos juntos, para leer, para aprender, para sentir.

 

Y permanezco en aquellos lugares donde se nos está permitido pensar, exponer, donde no nos sentimos heridas y dolidas por lo que el otro piense o diga. ¿Y saben qué? elijo los lugares donde las mujeres podemos crecer en el formato en el que venimos a este mundo, sin lucha, sin violencia, mirando al otro y entendiendo el por qué de su camino, respetándolo. 

 

Después de todo ningún cambio es posible si una persona no se aboca de lleno a ello. Hay que comprender lo tremendamente difícil que es mover nuestro camino hacia nuestro propio cambio, hacia la expresión del propio sentir comulgando con lo que de verdad llevamos dentro, como para querer, o intentar que el otro cambie. Es no ya ridículo, sino utópico. Todo cambio parte de uno mismo, nadie absolutamente puede obrar a favor si no lo hacemos primero nosotros mismos.

 

Así que dejemos de pelear por los huesos como se dice en mi tierra, y reflexionemos; nos tomemos de la mano, aunque la otra (esa que ponemos al frente) no piense o sienta, ni críe como yo. Porque ella también trae algo que debemos aprender, que hemos de integrar. Quizás podríamos empezar a aceptar que todos somos diferentes, que todos hemos sido violentados, y que el de al lado tiene su propia historia, su propia vida, que seguramente hace mucho por mejorar, y que, aunque nosotras sepamos el camino que le llevara a la felicidad (¿que pedantería no?) esa otra persona puede elegir hacerlo diferente.

Pero que para que el otro entienda y obre a favor de sus hijos, lo mejor será hacerlo desde la paz y no desde la guerra, que esto SI, es territorio del patriarcado.

 

 

Andrea Díaz Alderete

Consciencia Madre 

 

  1.  Este territorio es para un debate profundo que pienso acometer en el próximo artículo.

One Response so far.

  1. Alex Baer dice:

    Una reflexión valiente. Un saludo.

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