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¿Lactancia por Mandato o Lactancia Consciente?

Un bebé mamífero humano espera ser alimentado durante todo el tiempo que lo necesite con la leche y el cuerpo de su madre. ¿Cuánto tiempo es este? Pues depende, pero en general no hay destetes ESPONTÁNEOS* antes de los 4 años. Un niño necesita durante mucho tiempo no sólo la leche que emana del cuerpo de su madre sino también la sensación de estar cobijado adentro suyo que, seamos francas, se pierde muchísimo una vez se ha producido el destete. En general los destetes espontáneos se producen más allá de los 5 años, más cerca de los 6 o incluso 7.

Hoy no vamos a hablar de lo que cómo la lactancia DEBERIA ser, ni que TENDRÍAMOS que hacer para SOSTENER una lactancia prolongada o corta, pero una lactancia al fin.

Vamos a hablar más bien de por qué la teta puede ser un lugar bien sombrío a donde encontrar algunos de los tesoros mejor escondidos de nuestro interior.

En principio hemos de recordar que la lactancia representa al menos tres cosas:

  • Un lugar de encuentro físico, corporal, de contacto íntimo con nuestro hijo.
  • Un lugar de nutrición desde lo estrictamente material, es decir les damos leche que alimenta su cuerpo.
  • Un lugar de nutrición emocional profunda, desde donde nos conectamos y permanecemos en profundo encuentro con el ser de este niño que acaba de salir de nuestras entrañas.

Es importante diferenciar estos tres lugares, porque cualquier experiencia primaria adaptada durante nuestra propia lactancia y crianza (y adaptada se refiere a nuestras madres no pudiendo acompañarnos y atender nuestras necesidades más básicas que son esas tres que acabamos de describir) puede hacer parte de nuestros impedimentos más serios para poder establecer y mantener durante el tiempo que el niño lo necesite la lactancia.

Dependerá de quienes seamos, de cómo nos hayamos configurado.

Veamos algunos ejemplos que por supuesto no serán todos, pero si algunos de los más comunes.

NIÑAS BUENAS: Las antiguas niñas buenas somos en general obedientes y cumplidoras. Estamos apegadas a ciertas normas y las cumplimos, tenemos un sentido del correcto/incorrecto (bueno/malo) muy marcado.

Nos hemos alineado desde siempre a lo que mamá pensaba que estaba bien, a lo que mamá sentía que era bueno. El propio deseo está perdido allá bajo las profundidades del deseo de mamá. Y sobre todo hemos aprendido que las cosas se hacen Asi o Asi. Hay una manera de hacer las cosas, elijo AFUERA de mí (porque siempre he tenido una guía afuera, mi adentro está escondido) que me diga lo que tengo/debo hacer. Puede ser el pediatra, la asesora de lactancia, la doula, la matrona, la psicóloga, la chamana, quien sea. Pero hay alguien afuera que me indica el camino. ¿Y cuál camino he de seguir? Y el que mejor encaje con mi configuración. Si me he ido construyendo sintiendo que he de ser una BUENA MADRE que da la teta, entonces de cabeza para allá. No importa si es un mandato que nada tiene que ver con la mujer que soy.

No importa si mama me aleccionó pero nunca tuvo intimidad emocional conmigo, si nunca puso el cuerpo. Ahora mi hijo me inquieta (quizás no llegue a quemar), pero si me inquieta mucho, y necesito descansar, necesito muchas cosas, y no puedo permitírmelo, y sigo.

Ilustración www.conscienciamadre.com

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Algunas de estas niñas buenas, somos  tan buenas y obedientes que hemos construído una máscara infalible, somos aguantadoras, autorrestrictas al máximo, podemos con todo (hemos sido la hija mayor que se ha tenido que arreglar sola con muchas situaciones). Hemos estado siempre bien, hemos llegado, hemos podido y no nos hemos quejado. Seguramente así sea nuestra lactancia. Sin queja, llegando, incluso parecerá feliz. Y por dentro toda la soledad de la falta de mirada de mamá se hará presente. Nuestro hijo querrá que estemos vinculados con ellos y no podremos. ¿Cómo vamos a poder? No sabemos lo que es la intimidad. Nos hemos restringido al extremo para sobrevivir. Y puede que sigamos haciendo esto con nuestro pequeño. Sigamos sosteniendo lactancias por MANDATO  que nada tengan que ver con lo que nuestro hijo necesita y lo que nosotras SINTAMOS.

Pero sigamos, el mandato está Afuera

 ¿Y si en lugar de seguir el MANDATO de la CRIANZA RESPETUOSA Y LACTANCIA PROLONGADA decido que quiero seguir el mandato de la CRIANZA TRADICIONAL? Entonces rápidamente encuentro las mil y un maneras de entender y hacerle entender al mundo que lo que yo he elegido es lo mejor. De hecho antes de que nazca mi hijo yo no sólo he vivido a pleno en el mundo yang del “hacer” sino que he sido exitosa en esos ámbitos y no quiero bajarme de allí. Es lo que sé:hacer, y mi hijo como yo misma puede adaptarse. El pediatra, la psicóloga, la maestra de la guardería apoyarán con firmeza mis decisiones sobre lo que mi hijo necesita. Es fácil hacerlo así, ¿véis que en este caso lo que hace esta mamá va más a favor de lo que esta madre VERDADERAMENTE puede hacer? Realmente hay mucho sacrificio en ser una niña buena y seguir el mandato de la crianza respetuosa, es más fácil salir de ahí. Porque la crianza y la lactancia implican un lugar emocional profundo difícilísimo de transitar para estas niñas autorrestringidas que somos.

NIÑAS MALAS: ay las queridas niñas malas. Cuánta mirada han recibido en la revolución, en la oposición, en la rebeldía, en el golpe, en la guerra. En salirse de los lugares comunes, en luchar. Estas niñas que hemos sido malas nos hemos pasado la vida deseando ser buenas (en la sombra) y puede que un día nazca nuestro hijo y decidamos que por fin puedo ser eso que tengo guardado y que nadie ve.

Por fin puedo mostrarle a mi hijo toda mi bondad, toda mi entrega, todo mi amor. Por fin podrá alguien ver lo que puedo hacer, toda la fuerza contenida en mi.

Pero ayyyy, es que en el camino de sobrevivir a esta madre que me ha nombrado mala no he recibido contacto, no he recibido nada de amor, no he recibido cuerpo. Es más, a veces han tocado mi cuerpo y mis vivencias de contacto corporal queman mucho, son insoportables. Tener a mi hijo cerca es desesperante, quema, duele. La lucha se establece entonces. Una lucha entre lo que yo deseo y quiero demostrarme (demostrarle a mi madre aún) que sí puedo hacer, y lo que verdaderamente puedo brindar con este cuerpo, y esta mundo emocional donde vive mi más profunda soledad, la entrega de mi madre y el desamparo absoluto de la infancia, ese que me impuso vivir en situaciones terribles.

Ay mi niña mala de mi corazón, queriendo amamantar, queriendo entregar su cuerpo dolorido y sufriendo todos los dias con esas grietas, ese dolor punzante. Ay mi niña mala que en la soledad de la noche se encuentra con la locura de mamá, la sensación de que las llamas la pueden consumir sola y enloquecida dando teta cada hora. Decidme si no es normal dejar la lactancia en estas circunstancias. Si no es normal bajar los brazos y dejarlo de lado.

Pues hay algunas de estas niñas malas que seguimos. Estamos acostumbradas a luchar, a luchar con fuerza, y en eso se transforma la lactancia de nuestro hijo. Un calvario por sostener aquello que desde siempre he conocido: una lucha.

Acompañar a estas madres para que observen el dolor que de adentro viene es el camino para aliviarles, para hacerles sentir que no han enloquecido ni enloquecerán. Que es doloroso, que es duro, pero ahí vamos, ahí estamos, que entendemos, que sentimos con ellas. Y que no pasa nada si dejamos de amamantar a nuestro hijo. Que habrá otras oportunidades de brindarles nuestro amor, millones de maneras de aprender a estar en contacto con ellos. De amarlos desde nuestro cuerpo cada vez que podamos.

Por supuesto que en este camino habrá muchas niñas malas que ni se planteen la lactancia, sigan peleando en el afuera y digan y se digan, “este niño me quiere usar de chupete”. Fijaros que al igual que en el caso de las niñas buenas, esta mamá estará más cerca de su realidad interior no lactando. Pero cuánto se perderá en el camino. El reconocimiento de la sombra que trae su lactancia, el mirar adentro y profundo y comprender lo que su hijo le regala, los secretos guardados en su interior esperando salir para ser auténticos.

¿Véis que no hay juicio posible? Todo depende de cada historia, de lo que hemos recibido, de cómo nos hemos configurado, de cuánto seamos capaces de bucear en nuestro interior los por qué ¿por qué no puedo? ¿por qué me duele? ¿por qué quiero escapar?

 

No hace falta nombrarnos ni alinearnos a un grupo de mujeres llamadas o buenas o malas. Hace falta reconocernos en lo que de verdad somos. Nadie de afuera puede guiarnos ya, es hora de empezar con nuestra guía interior. Ajustar la brújula y avanzar. Ese es el regalo que nuestros hijos nos traen.

Y no es sencillo, pero tampoco imposible. Implica un compromiso por entender quiénes somos, y salir de los lugares comuness, acercarnos a nuestra verdades más profundas, y simplemente decidir la vida que quiero vivir, sin mandatos, sin rencores y hacia el amor.

 

Andrea Diaz Alderete

Consciencia Madre

 

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*Destetes espontáneos: hablamos de situaciones en las que el niño se ha saciado, ha cubierto todas sus necesidades de alimento y calor materno y puede lanzarse al mundo sin tomar de la leche de su madre. En general las madres, incluso las que pasamos de dos años de lactancia, tendemos a forzar, formular tratos y acuerdos para que el niño tienda a dejar la teta. Eso no es espontáneo, está estimulado, inducido. Espontáneo es sin intervención.

 

 

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