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De abuso sexual y entrega materna

 

Los abusos sexuales ocurren en su gran mayoría en las cercanías del hogar.

Tios, primos, abuelos, padres, madres.

En todos esos casos el niño es entregado

Ilustración: Consciencia Madre (www.conscienciamadre.com)

Es la madre que debe velar por su hijo la que no puede/quiere ver, la que no es capaz de conectar con lo que los hijos les pasa. Esta desconexión es parte de un complejo mecanismo que muchas madres hemos ido aceitando a lo largo de nuestras vidas. Es el poco contacto con lo que nos ha sucedido, el no saber qué nos ha pasado. Es la violencia dormida que se esconde tras la falta de memoria de nuestras propias vivencias.

Y es que no podemos proteger a nuestros hijos si no sabemos qué nos ha acontecido….¡ay la sombra!…ese lugar donde se han quedado olvidados los momentos más dolorosos porque siendo niños con su recuerdo nos sentíamos morir.

Y es que las madres también fuimos niñas, nuestra madre también lo fue, y su propio desorden, el poco registro de lo que a ella misma le había sucedido le ha impedido velar por nosotras. Porque todas las madres (y las personas), operamos para salvarnos, para beneficiarnos. Es algo profundamente inconsciente, escondido, ni lo sabemos. Pero en la salvación muchas veces los niños no son vistos, y los mandamos al pabellón.

Y ojo que estos niños no sólo viven en la marginalidad, allá afuera, en las chabolas (en la villa). NO, VIVEN ENTRE NOSOTROS, son nuestros amigos, compañeros de trabajo, primos, cónyuges. Estos niños que a veces ni siquiera tienen verdadero registro de lo que les ha pasado, que ven una sombra oscura en su interior y no saben, no comprenden, algo no encaja. SImplemente hay que escuchar las historias de estos hombres y mujeres quebrados al recordar la soledad, la angustia, el TERROR a las noches cuando llega el abusador, para saber que estaban DESPROTEGIDOS, que nadie velaba por ellos, que la madre no estaba.

Ahora ya no somos niños, somos adultas/os con grandes dolores, con cuerpos golpeados por la enfermedad, con relaciones tormentosas, con problemas en nuestra sexualidad, con miedos sobre todo muchos miedos…

El recuerdo y el orden nos ayudarán a saber quiénes somos, qué nos ha pasado y qué mecanismo hemos utilizado para sobrevivir. Nos brindará la oportunidad de sentir que no estamos locos (aunque los adultos que ahora son casi ancianos se hayan esmerado en hacernos creer que mentíamos y aún hoy se escuden en nuestros poquísimos recuerdos felices para decirnos que nada nos ha ocurrido).

Las mujeres no somos debiluchas, pobrecitas, víctimas de lo que nos pasa. Nosotras operamos con altísimos niveles de violencia, muchas veces invisible. ¿Condena al abusador? ¿y la madre? Los niños abusados podrán señalar a su abusador pero nunca llegaran a la paz interior si no logran comprender e integrar que su vínculo más poderoso no los protegió y los entregó. Ese camino es dificil, la madre es como dios… No se toca.

Empecemos a mirar mas amplio. Es urgente para nuestros hijos y para el/la niño/a que hemos sido.

 

Andrea Díaz Alderete

Consciencia Madre

2 Responses so far.

  1. Gracias por escribir sobre este tema tan delicado pero a su vez tan real…
    Un abrazo.

    • Andrea dice:

      Es un tema dolorosísimo, pero hemos de empezar a nombrarlo cada vez con más fuerza. Tu sabes que la reorganización psíquica de las personas que han sufrido tantísimo durante años ha de asentarse teniendo bien claro que ha estado desprotegido por las carencias conscientes o inconscientes de su madre, básicamente por no tenerla.
      Es difícil, pero lo siento indispensable para avanzar en la sanación.
      Gracias Yvonne por pasarte por aquí.
      Abrazo cariñoso. Andrea

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